miércoles, 23 de noviembre de 2011

Capitulo O5 :$♥#

-No, Niall, no voy a ir -le aseguré.
Bailar se encontraba claramente fuera del abanico de mis habilidades.
-¡Ah!, entonces no te molesto más -sonrió como pudo, pero antes de que se diera la vuelta lo agarre del brazo.
-Espera -sonreí.
Se volvió con sus ojos azules, esos ojos azules, que aun que no te gustase ese chico te volvían loca.
-Podemos ir juntos a la siguiente clase si quiere -sonreí.
Entre en clase. Angela no me hablaba , me sorprendió. Permaneció callada mientras caminaba ami lado entre una clase y otra, y me dio miedo preguntarle la razón. Si Ray le había rechaza para ir al baile, yo era la última persona ala que se lo querría contar.
Mis temores se acrecentaron durante el almuerzo, cuando Alba se sentó lo más lejos que pudo de Ray y charló animadamente con Marcos. Ray estuvo  inusualmente callado.
Ray continuó en silencio mientas me acompañaba a clase. El aspecto violento de su rostro era una mala señal, pero no me abordó el tema hasta que estuve sentada en mi pupitre y él se encaramó sobre la mesa. Como siempre, era consciente de que Zayn se sentaba lo bastante cerca para tocarlo, y tan distante  como si fuera una mera invención  de mi imaginación.
-Bueno -dijo Ray, mirando al suelo-, Angela me a pedido que le acompañe al baile.
-Eso es estupendo. -Conferi a mi voz un tono de entusiasmo manifiesto-. Te vas a divertir un monton con ella.
-Eh, bueno... -Se quedó sin saber qué decir mientras estudiaba mi sonrisa; era obvio que mi respuesta  no le satisfacía-. Le dije que tenía que pensármelo.
-¿Por qué lo hiciste?
Dejé que mi voz reflejara cierta desaprobación, aunque me aliviaba saber que no le había dado a Angela una negativa definitiva. Se puso colorado como un tomate y bajó la vista. La lástima hizo vacilar mi resolución.
-Me preguntaba si... Bueno..., si tal vez tenías intención de pedírmelo tú.
Me tomé un momento de respiro, soportando a duras penas la oleada de culpabilidad que recorriá toda mi ser, pero con el rabillo de ojo vi que Zayn inclinaba a cabeza hacia mí con gesto de reflexión.
-Ray, creo que deberías aceptar la propuesta e Angela -le dije.
-¿Se lo has pedido ya a alguien?
¿Se había percatado Zayn de que Ray posaba los ojos en él?
-No -le aseguré-. No tengo intención de acudir al baile.
-¿Por qué? - quiso saber Ray.
No deseaba ponerle al tanto de los riesgos que bailar suponía para mi integridad, por lo que improvisé nuevos planes sobre la marcha.
-Este Sábado voy a ir a ver ami madre -le expliqué.
De todos modos, necesitaba salir del pueblo y era el momento perfecto para hacerlo.
-¿No puedes ir otro fin de semana?
-Lo siento, pero no -respondí-. No deberías hacer esperar a Angela más tiempo. Es de mala educación.
-Sí, tienes razón -masculló y, abatido, se dio la vuelta para volver a su asiento.
Cerre los ojos y me froté las sienes de los dedos en un intento de a desterrar de mi mente los sentimientos de culpa y lástima. El señor Mansons comenzó halar, suspiré y abrí los ojos.
Zayn me miraba con curiosidad, aquel habitual pinto de frustración de sus ojos negros era hora aun mas perceptible.
Le devolví la mirada, esperando que él apartara la suya, pro en lugar de eso, continuó estudiando mis ojos a fondo y con gran intensidad. Me comenzaron a temblar las manos.
-¿Señor Malik? -le llamo el profesor, que aguardaba la respuesta a una pregunta que yo había escuchado.
-El ciclo de Krebs -respondió Zayn; parecía reticente mientras se volvía mirando al señor Mansons.
Clavé la vista en el libro en cuento a los ojos de Zayn me liberaron, intentando centrarme. Tan cobarde como siempre, dejé caer el pelo obre el hombro derecho para ocultar el rostro. NO era capaz de creer el torrente de emociones que palpitaba en mi interior, y sólo porque había tenido a bien mirarme por primera vez en seis semanas. No podía permitirle tener ese grado de  influencia sobre mí. Era patético; más que patético, era enfermizo. Intenté ignorarle con todas mis fueras durante el resto de la hora y, dado que era imposible que al menos no supiera que estaba pendiente de él. Me volví de espaldas a él cuando al fin sonó la campana, esperando que, como de costumbre, se marchara de inmediato.
-¿Bella?
Su voz no debería resultarme tan familiar, como si la hubiera conocido toda la vida en vez de tan sólo unas pocas semanas antes.
Sin querer, me volví lentamente. No quería sentir lo que sabía que iba a sentir cuando contemplase aquel rostro tan perfecto. Tenía una expresión cauta cuando al fin me giré hacía él. La suya era inescrutable. No dijo nada.
-¿Qué? ¿Me vuelves a dirigir la palabra? -le pregunté finalmente con una involuntaria nota de petulancia en la voz.
Sus labios se curvaron, escondiendo una sonrisa.

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